Nicolás Montenegro

Una persona con ganas de hacer muchas cosas, pero con poco ánimo para realizarlas. Tratar de temas objetivos, pero de un punto de vista abstracto e imparcial – nadie es omnipotente para juzgar a todo y todos.

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Orgullo

¿Qué quieres ser? Posibles respuestas sería un ingeniero, un médico, un músico, un investigador, un atleta de primer nivel, la primera persona en lograr hacer algo único, un ser querido al representar ideales (impuestos), un padre/madre de una familia ideal, un adinerado ejecutivo posicionado en un acomodado lugar en una famosa empresa. Ahora, volveré a preguntar ¿Que quieres ser? Ahora, responde algo diferente a lo descrito anteriormente ¿No tienes respuestas?

Decisiones

Decir “sí”, decir “no”, es difícil cuando se tiende a vivir de la corriente y realizar todo porque es aparentemente correcto. Vemos como el mundo aparenta ser feliz y tiene lo que uno no posee, sea material o no – predominantemente el primer tipo -. Trabajos que no satisfacen, relaciones que no llenan, amistades que se secan, y una cuidad que de acogedora solo tiene su compleja publicidad, mostrando realidades distantes, falsas. Tomar las riendas de una vida (que no se hace propia) parece lejano: deudas, favores, trabajo, posiciones sociales, apariencias, deudas, expectativas, rivalidades, mensajes persuasivos, y más deudas.

Los videojuegos ya no son un juego

De vuelta a casa, veo en uno de los locales del centro comercial (persa, para los menos quisquillosos) que se exhibía en el local de videojuegos el clásico “Bomberman”, pero no cualquiera: era la versión de NES (la primera consola de Nintendo), lanzado en 1986. Más de 25 años, y aun Hudson lanza ediciones de este juego, si bien con mejores gráficos y nuevas opciones, el concepto original del juego se mantiene intacto: un cuadrilátero, donde el personaje blanco deja bombas en escena con el objetivo de matar a los enemigos; el concepto es simple, directo, con una curva de aprendizaje muy corta, y que aun así no cansa.

Mentir para vivir

Es una extraña combinación, pero contraproducente por donde se mire. La biblia lo demuestra con las consecuencias asociadas a los personajes que quieren usar ese beneficio en su propio bien. Y la sociedad culpa a los mentirosos, ya sea por una cosa de herencia – que la biblia entra nuevamente a justificar las acusaciones – de sus padres, abuelos, trabajadores, etc, etc, y etcétera; o por moral. Pero en los casos donde la moral pone un “pero” que abre debates y genera leyes y algunos mal entendidos, es la puerta trasera para las falacias, que tienen base sobre la honestidad y lo que es supuestamente humano.

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