Ella

Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar.Winston Churchill

Siempre he creído que soy un hombre joven con alma de viejo, pero que se comporta como un niño. A la vez creía que era el único ser que tenía esas características… No se preocupen, hasta para mí es difícil entenderlo.

Hace unos años todo cambió cuando conocí a la persona que es joven con alma de vieja, pero que se comporta como una niña.

La cita de Winston Churchill acerca del valor son, a mi parecer, las palabras que más se asemejan a lo que intentaré decir desde el siguiente párrafo.

Hablaré un poco de ella. Antes de conocerla, el valor para mí era algo como “levántate y dale un golpe a ese tipo” o “dile a ella que te gusta” pero más allá de eso, no lograba darle otro significado… hasta que ella me dejó entrar en su vida. No daré detalles de cada una de las cosas que compartió conmigo, pero me atrevería a decir que jamás había sentido tanta admiración por alguien como la que siento hoy por ella.

Las heridas que ella tenía, hoy se esconden bajo su piel como capas de polvo en fotografías olvidadas; cada vez que las soplas, dejas al descubierto miles de recuerdos que me ayudan a pensar en lo realmente fuerte que fuiste al haber pasado por tantas dificultades. Cada herida al igual que cada fotografía llevan una historia. No todas sus heridas se hacen notar, pues hay algunas en su corazón que sólo se pueden ver al palpar, al respirar junto a ella, al caminar a su lado, al besar sus lágrimas… esas son las heridas que yo he intentado borrar.

Hace mucho tiempo sólo me levantaba y hablaba, porque creía que mis heridas no las lograría superar nadie, pero al conocer las de ella aprendí a sentarme y a escuchar, ya que percibí que no era el único con esa personalidad tan “poco común”, con una historia “poco común” y con heridas “poco comunes”. Me di cuenta que yo no era el único con el derecho de hablar y quejarme del mundo. Lo más increíble es que, aunque ella poseía ese derecho, nunca se quejó ni contó nada, guardándose ese incesante dolor y ese nudo que desgarraba su garganta. Gritando en silencio una y otra vez para poder pelear sus batallas sola, no por orgullo, si no por coraje, por demostrarse a si misma que puede hacerlo sola.

Hoy pienso lo afortunado que soy al caminar a su lado, que desde que la conocí pude aprender a ser tan fuerte como ella, a detenerme y oír, a mirar y observar, a tocar y sentir y lo más importante de todo, aprendí a amar y a vivir. Con firmeza creo que el hombre que soy hoy en día nunca hubiese existido si no fuese por ella. Le debo mucho y algún día se lo pagaré, sin embargo creo que vivir a su lado sólo alcanza a saldar lo mas mínimo de esa deuda, y si eso es todo lo que puedo llegar a cubrir con mi amor incondicional, lo haré.

En dedicación, a quien hoy es y siempre será:
Mi novia. Mi amante. Mi esposa. Mi confidente. Mi psiquiatra. Y mi más fiel e incondicional compañera.

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