De facetas de alta estirpe y otras vainas

Mucho se ha hablado ya de aquella llamada telefónica de la esposa de algún ente reconocido por la muchedumbre chilena “amenazando” a otra mujer, al parecer también reconocida por las masas consumidoras de televisión gracias a algunos actos que dudo que sea de interés mencionar. Pero dentro de todo este embrollo, que para algunos puede significar gracioso, para un ojo más observador, deja en descubierto un interesante asunto social y de clase que sí es interesante analizar.

Podemos pensar quizá, que pese a que en la gran mayoría de las peleas que se producen en los diversos ámbitos de la vida confiere, hay un factor común que las une: la intención de atacar al interlocutor. Y para ello se utilizan diferentes métodos en el lenguaje. No cabe duda que el más fácil y simple de utilizar es la utilización de vocabulario soez. Es simple, es efectivo, e incluso según algunos podría tener algún tipo de efecto terapéutico sobre el emisor. Y así como ésta, hay muchas formas más. Sin embargo, dentro de todo este asunto hay una frase que (aparte de haberse hecho conocida a raíz del tema) muestra otra técnica bastante utilizada por mucha gente, y que por lo general queda oculta o sin una importancia considerable:

“Tengo la pura cara ‘e cuica

Ya podríamos sacar una conclusión, que a pesar de ser bastante apresurada, tiene sentido lógico y es válida de todos modos: toma como punto a favor para ella su posición social. A primera vista parece un recurso de ataque como cualquier otro. Pero tiene algo de interesante: en la sociedad actual, utilizar la clase social como método de ofensa resulta bastante efectivo, esto porque el común de las personas siempre aspira a poseer más status social. Les gustaría ser parte de los barrios altos, poder ser parte de aquel estereotipo de hombre rico que nos ha impuesto la televisión o las historietas, si es que son de más agrado para el lector. Y también tienen una forma de ocultarlo: la envidia.

Tomemos como ejemplo a los jóvenes de los sectores periféricos de las ciudades, conocidos por estos lugares como flaites. Es común verlos vistiendo ropa de marcas “prestigiosas” (digo entre comillas porque hoy por hoy dudo que a alguien le haga mucha gracia utilizar prendas de aquellas marcas que han adquirido mala fama a manos de estos individuos) porque aspiran a ser de un estrato más alto. Dentro de ellos sienten que portando ropa onerosa adquieren posición dentro de una escala imaginaria con respecto a otras personas. El costo de la prenda pareciera indicar cuán alto está el sujeto con respecto al resto de sus pares.

Mismo caso que comenzó a notarse anteriormente con el calzado. Zapatillas que costaban tres y hasta cuatro veces más que una normal, con la excusa que tienen tecnologías y diseños revolucionarios, cuando más de la mitad del precio es por la marca que porta.

Ahora podemos hablar de la masa en general. ¿Alguna vez ha oído hablar mal a alguien acerca de la gente de los estratos opulentos? Bien pues, aquí está lo que anteriormente hablaba: la envidia. Si bien la masa aspira a ser como ellos, también les guardan un odio, simplemente por ser acaudalados. Porque en el fondo de sus mentes se crea la comparación entre su situación actual, y el estereotipo formado de un hombre rico, y se producen escenarios de frustración y de sentimientos negativos asociados a éste.

Y por mucho que se crea que se puede hacer algo al respecto, mucho de lo que aquí se ha postulado no variará en demasía, ya que el hombre siempre buscará trepar en esta escala virtual de estatus social, e intentará utilizar este recurso para atacar a alguien en alguna discusión tan carente de sentido como el mismo insulto.

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