Libertad imperfecta

“La libertad de uno empieza cuando termina la del otro”, o algo así me parece que era la frase. El asunto que la libertad en si no puede ser perfecta, ya que nadie tiene el mundo completamente dispuesto para accionar al antojo como individuo. Entonces, en el mundo de hoy ¿Qué tanta libertad hay cuando se es “libre”?

Primero, el léxico

Antes, siempre es necesario consultar las definiciones de las palabras a analizar, ya que estas señalan algo en específico, y de no entenderlo, puede prestarse para confusiones. Según la RAE:

libertad.

(Del lat. libertas, -ātis).

1. f. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.

2. f. Estado o condición de quien no es esclavo.

¿Qué tan libres somos al elegir?

La ciudad promueve muchas cosas, y priva de otras. El habitante, dado los estímulos del entorno, puede tomar decisiones acerca que camino elegir. Por ejemplo, si tienes sed, puedes elegir a tomar algo en el instante o esperar llegar a un destino (en caso de ir de viaje), luego tienes que elegir algo que esté disponible y al alcance monetario, que puede ser agua de llave o una bebida, luego ir al lugar para obtener el líquido y así suma y sigue. Si analizamos el momento nunca hay una libertad absoluta, ya que están las condiciones del entorno al momento de la elección. En resumen, en entornos cerrados nunca existe libertad total; si bien hay libre albedrío para elegir, no así para exigir algo en concreto.

La independencia también es tomado como un caso de libertad: ya no hay entidades superiores que rijan nuestra rutina y decisiones; o algo así parece. El hecho de tener el control de la vida para relacionarse con ciertas amistades, asistir a ciertos eventos o laborar en cierto trabajo requiere de muchos factores, entre ellos el dinero disponible. La sensación de haber accedido a un beneficio se puede volver un privilegio o un castigo si la situación no se presta para lo mejor.

Pero cuando se piensa en libertad en un estado civilizado, en realidad se transforma a una transgresión de las reglas impuestas bajo “acuerdo” popular. Es aquel instante en que se termina la libertad de otro; ya que este elige vivir en la marea de leyes que someten a la sociedad para que esta pueda caminar por las grandes alamedas como en su momento prometieron. Así como la imperfección se puede volver perfecta dado el contexto (o viceversa); para la policía y los transeúntes en general puede ser insultante correr desnudo por la avenida principal de la cuidad en un acto de total libertinaje. Es por ello el hecho de que también que los jóvenes sean tomados como rebeldes, ya que no remarcan aquellas reglas que sus mayores imponen en pos de su acción de padres que pueden criar a su antojo.

Imaginación

La situación total de libertad puede producirse al contrario de lo que mencioné en un principio: en un entorno abierto, en que otros individuos no se vean alterado por las acciones propias. Hay pocos lugares en el mundo para ser libre totalmente, pero existe un algo único en que la libertad se puede detonar en su máxima expresión: la imaginación.

Este mundo aparentemente libre de ataduras ha dotado del ser humano de instantes únicos de su existencia; pareciendo un lugar tan perfecto para estar que llega a dar miedo de lo perfecto que puede ser. El pensante en cuestión puede crear lo que se le antoje, pero aquí también la libertad está regida por el mundo exterior: si no tiene de una mente muy entrenada, no podrá utilizar nada nuevo, así que tendrá que dotarse de lo que ya conoce en su entorno, entonces la libertad de la imaginación se delimita nuevamente, volviéndose imperfecta en el concepto de lo perfecto.

La imperfección de lo perfecto

Entonces, la libertad como tal, como “condición de quien no es esclavo” aparentemente no existe en absoluto, al menos en el mundo que conozco. Hasta en el acto de elegir la libertad estamos condenados a ser sujetos de la situación misma de libertad. Entonces solo queda actuar y ser responsables de nuestros actos. Como el que padece sed, el independiente, el desnudo, y el imaginario, solo pueden aceptar que hagan lo que hagan deben estar dispuestos que de la misma manera en que ellos están expandiendo su mundo sobre el terreno el cual viven, el mundo se expande sobre ellos. Burbujas que se inflan y que buscan abarcar lo más posible, o sino explotarán y hará que las demás explote si no están aptas, generando un reacción en cadena, como las bocinas en la congestión vehicular matutina.

Aceptar de que hay un ecosistema que se gesta en el entorno, y que podemos hacer uso de él, par el beneficio propio y de los demás. Tomar lo que se antoje; somos libres para ello. Pero estamos condenados a ser sujetos que usan del entorno y no individuos que abusan de este; a no ser que comprar en “cómodas” cuotas signifique la solución para este mundo saturado de estímulos materialistas.

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