Reflexiones para el 2014

Como cada año, despedimos un número más con la boca hinchada de uvas, cuando en realidad lo que nuestra mente hace es cerrar otro capítulo de nuestra vida en una especie de baúl de los recuerdos. Nosotros somos así. A medida que vamos creciendo, almacenamos en una especie de desván todos nuestros baúles cerrados con llave para que ninguno de nuestros recuerdos se puedan escapar, protegiéndolos cual tesoro enterrado en una isla desierta.

En cada uno de ellos guardamos 365 días llenos de sentimientos, experiencias y aprendizajes; ahí se conservan nuestras alegrías y tristezas vividas a lo largo del año, aquellos momentos en los que sientes que te derrumbas y consigues salir adelante, aquellos otros en los que no puedes dejar de reír y quieres que nunca se acaben, esos que cada uno de nosotros considera importantes.

¿Y sabéis qué es lo más increíble? Que nuestros baúles son enormes, que tenemos recuerdos a montones, ya que los primeros años son aquellos en los que más cosas nuevas vivimos, en los que nos damos de bruces contra el suelo a casi cada dos pasos, en los que más de una vez nos encontramos entre la espada y la pared, en los que empezamos a conocer a las personas, al mundo en general; en los que hemos sido cobardes o valientes, en los que hemos decidido con el corazón o con la cabeza, en los que pequeñas cosas sacaron sonrisas abismales, o por el contrario, provocaron sollozos que parecían interminables.

Estoy segura de que la mayoría de vosotros estaréis de acuerdo conmigo, y es que casi todos estos sentimientos han sido fruto del amor y desamor vivido. En realidad, el hecho de sentirnos queridos es lo que nos da la felicidad. Ni el dinero, ni el alcohol, ni el número de personas que hayas conocido a lo largo de este año, si no los que realmente te hayan marcado.

Es entonces cuando damos la bienvenida a otro número. Pero solamente es eso, un número. La diferencia de este con todos los demás, es que marca un nuevo comienzo; es la esperanza de poder crear más de esos baúles llenos de cosas buenas, sustituyendo los errores por aciertos, los baches por caminos rectos, y lo que anteriormente no habíamos realizado, en nuevas experiencias de las que disfrutar o aprender.

Por eso hoy digo, “Bienvenido 2014, pórtate bien conmigo”.

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