Aquel punto de equilibrio emocional

Tanto he hablando anteriormente acerca de alcanzar la paz, o equilibrio, o algún punto intermedio entre la tristeza y la alegría. Bien, es momento para dar mis argumentos al respecto – para quien no piense lo mismo que yo o reafirme su filosofía de vida.

Como humanos pensando pasamos por muchos sucesos en la vida cotidiana y reflexionamos en mayor o medida según la intensidad y en el modo en que nos afecta. Si bien, en algunos podemos pensar mucho o dejarlos pasar, siempre se obtiene una cuota de sentimiento, la cual se refleja en el estado de animo, y más hondo, en el autoestima. De esto se puede pasar a diversas situaciones. En cada extremo hay una peculiar por si sola.

Felicidad

La satisfacción de haber realizado algo exitosamente. El sueño cumplido que pareció haber partido. El triunfo. Muchas situaciones más que nos hace sentir gratos, conformes. EL mundo es más hermoso. Y toda esas cosas por las cuales no da gusto vivir. El tema no es analizar la alegría, sino ¿Qué pasaría si viviésemos en constante alegría? Una constante euforia nos invadiría, una constante aceptación de las cuestiones alteraría nuestra perspectiva crítica.

Sin ser especialista en la mente humana, con un poco de suspicacia se puede resolver aquellas cuestiones propia de este estado. En un estado extremo puede convertirse en algún tipo de demencia; una búsqueda rápida en Google me responde con “Hipertimia” a tal estado. Si el estado ya vuelve exhaustivo, los sucesos, acciones o cosas varias que nos provocaban tal satisfacción no cumplen, y se pasan a nuevos niveles, los cuales pueden llegar a a transgredir los paradigmas establecidos, como el caso de la “filias”; o bien de no encontrar sustituto puede caer a una depresión a causa de la frustración.

Tristeza

Cuando no resulta. No se puede hacer. Recibir una negación. Perder un desafío. Indefenso ante el mundo. La tristeza se ha convertido en el estado que con más constancia se puede encontrar. Es fácil caer en él, es difícil salir de él. A causa de ello es más común encontrar y conocer casos en que se presenta en estado esporádico e inclusive constante (depresión). Los desafíos más parecen derrotas y la sensación de que todo se acaba y que a la vez todo es necesario es constante. La depresión es quien tiene un segundo lugar en causa de licencias medicas (16%), debajo de la gripe (22%) (Fuente: “Determinantes del Uso y Abuso de Licencias Médicas en Chile” [PDF], página 16); considerando el hecho de que estados anímicos pesimistas bajan las defensas inmunológicas del organismo.

A pesar de que la depresión es un padecimiento el cual es complicado de sortear para la mayorías de las personas, irónicamente la hipertimia es consecuencia de una felicidad exagerada post-trauma depresivo. O sea, ambos pueden corresponder a extremos inestables si no se encuentran en un equilibrio.

Paz

Este punto promueve el equilibrio que permite pasar a ambos estados; tanto la alegría como la tristeza convergen en este punto. Al grano; hay casos en que es necesario estar alertas, o bien ser fríos y críticos, por lo que una correcta armonía de estas emociones abre paso a correctas respuestas, sobre todo a situaciones de presión. Al vivir en esta suerte de calma se puede analizar las situaciones de modo imparcial, evitando caer en preferencias e impulsos ciegos propios de cada nivel. No mueve a pedir más, pero tampoco a exigir menos. Es el estado ideal para responder ante cualquier disyuntiva. Pero como situación ideal no siempre puede estar presente; es una hipótesis -en este caso, a medio plantear- para quien no encuentra un punto de partida en cuanto a las emociones.

De todos modos, tanta paz puede llevar a otro extremo: la holgazanería. El no querer hacer algo ya que todo (supuestemente) está bien, o no querer cambiar las cosas, o simplemente no querer mirar hacia alguien a quien poder ayudar nos bajaría a un nuevo nivel de persona indeseable. No siempre puede ser física, sino también psicológica, ya que omitir algo por simplemente ser complejo, evitando la posible frustración de un error es temida constantemente; el no controlar la situación en caso de volverse caótica lleva a la frustración y así a la depresión.

No quiero decir que todo tiene que estar en equilibrio; al contrario, el caos genera movimiento, ya que mueve a sus partes a encontrar su lugar. Simplemente es encontrar ese estado para estar preparada a cualquier situación; una posición para optimizar la energía y así no caer en los extremos. Todo ello para poder enfrentar los desafíos sin caer en la desesperación o someterse a una alegría que con el tiempo se vuelve agria.

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