Mea culpa

He de confesar que las cosas en mi vida no han ido bien, y que pese a los esfuerzos que uno aplica sobre las cosas terminan saliendo de tu alcance, toman control propio, toman posesión de su psiquis y obligan a uno a cometer acciones que quizá, están bastante salidas de lo que uno quisiese…

o de lo que uno necesitase.

Antes de empezar con todo este escrito, me gustaría explicar por qué escogí Dawncoffee y no mi propio blog para expresar estas palabras. Lejos de la razón corporativa que no a muchos interesa en este preciso instante, existe una razón personal: Y es que nunca me ha gustado escribir para que después lo que escriba sea olvidado. Como explicaba en uno de mis artículos anteriores: el reconocimiento es algo que se busca de algún u otro modo. Pero bien, en realidad, el objetivo de esto es que mis cercanos puedan leerlo y obtener sus comentarios.

2012. Desde las cosas que pasaron antes de que comenzara, supe que éste no sería un buen año. Al menos, en lo que a felicidad se refiere. Las cosas en mi familia estaban quebrantándose, empezaban a salir cosas de las que sólo algunos sabían, y que en realidad era mejor que se quedaran en el secreto, vinieron muchas conversaciones, muchos por qué y para qué, y situaciones incómodas en general. En lo académico, empezaron a llegar las crisis vocacionales y comenzó a sentirse la falta de ayuda por parte de la gente que supuestamente está ahí para ayudarte, y en lo sentimental, tomé una decisión que más que proteger hizo exactamente lo contrario.

Verán, yo no soy el tipo fuerte de carácter y de mente como se me suele ver. Sólo son un par de personas que conocen esa careta de mí… que son las personas que me han visto o escuchado llorar. Lamentablemente en la sociedad actual vivimos con un tumulto de personas en las cuales el sentido instintivo humano aún predomina en varios aspectos de la vida, como la selección natural, o el quién es más fuerte o qué se yo. Y uno también es ser humano, pese a lo mucho que odie ser hombre y esas cosas. Hay que adaptarse al entorno, antes de que éste te devore. Y aquí estoy yo. Ofreciendo una careta al mundo, y siendo alguien totalmente distinto con los íntimos.

Y así comienza el año con un episodio que a muchos ya nos dejó mal en mi familia: la casi-muerte de mi abuela. No quiero ahondar en detalles ni qué pasó ni qué sucedió después, más que comentar que después de esa vino otra y dos más. Y ahí estábamos en el hospital todos, apoyando como podíamos, mostrando cariño y afecto, enviándole buenas vibras y todo eso…
…pese a que en otras aristas del cubo el escenario era distinto.

Mientras esos episodios se desarrollaban, podría parecer obvio que necesitaba encontrar el equilibrio para que esas situaciones no terminaran por matarme. Y aquí es cuando entra Claudia (mi ex-novia) a este asunto. Durante casi un año (bueno, más de un año si es que contamos todo).

Ella era quien lograba equilibrarme las cosas, pese a todo. Y digo “pese a todo” porque nosotros también discutíamos bastante. Entonces es algo difícil de explicar. Pese a todo conseguía el equilibrio. Ella siempre supo otorgarme ese poquito de felicidad pese a las discusiones, pese a la peleas y a las veces en que habíamos dado la relación por terminada.

Continuando con este tema, jamás logré entender por qué pasaba eso, el por qué discutíamos tanto. Hubo algo dentro de mi mente que me quedó dando bastantes vueltas luego de todo este asunto, y era que el hecho de que buena parte de estas discusiones terminaban en lo mismo: en el desmerecer, en el valer la pena, en el aprovechar, y en el cuidar. Esas fueron las cuatro bases en las que se sentaban todas estas situaciones. Claro, y siempre estuvo el problema de ocultarnos cosas. ¿Para protegernos el uno al otro? No lo sé. Esto nos lleva a otro problema fundamental: ¿Y si todas estas tonteras pasaron con la intención inicial de protegernos? ¿De no hacernos daño? Quizá sea cierto, y a decir verdad, no es tan descabellado pensarlo tampoco. Suponemos todos que uno de las cosas que busca una pareja estable es protegerse el uno al otro, como sea, y de lo que sea… Bueno, eso y un potpurrí de otros aspectos que hacen que una relación de pareja funcione bien: la amistad, la confianza y lo carnal, entre varias otras. Pero no estoy hablando de eso ahora mismo, hablaba que el tema de las discusiones era así. A veces salíamos bien de la discusión, a veces no tanto, y en otras terminábamos sin hablar e incluso con la relación desarmada.

Y dentro de esto hay otro problema incluso peor.

Está bien, la vida entre peleas se podía llevar, era en cierta medida soportable. He de suponer también que a nadie le gusta vivir entre discusión y discusión. Y ojo, que no estoy diciendo que sea malo o que se deba erradicar por completo… Si bien en el caso perfecto es posible, hay que tener en cuenta también que a veces las discusiones de pareja dejan frutos para el posterior bienestar de ésta, siendo esto absolutamente innegable. El problema aquí era el siguiente: sí, peleábamos, ¿Pero por qué con tanta frecuencia, y con tantas consecuencias? Lo bueno era, que después de algunos días mal, lográbamos entendernos y volver a ser felices.

Pero esta frecuencia en las discusiones terminó por traer algo muy, pero muy malo: Había dejado de sentir esa seguridad de pareja estable. ¿A qué me refiero con esto? A que sentía más latente el hecho que íbamos a discutir en cualquier momento más que intentar arreglar las cosas en el menor tiempo posible.

Y así estuvimos, así intentamos ser felices, y así creo que lo estábamos logrando… hasta que vino un episodio bastante malo, tanto en su entorno como el mío, y bueno, mi drama fue más o menos así…

Luego de que mi abuela se había recuperado y no había vuelto a la clínica luego de la primera semana, ahora quien sufría era mi papá. Había enfermado seriamente y nadie lograba explicarse un porqué. Y así estuvimos sin saber lo que pasaba hasta que un día a medianoche nos despiertan a todos y nos comunican: mi papá se va a la clínica de urgencia. Recuerdo que ese día estuvimos en vela hasta más o menos las seis de la mañana hasta que llegó. Según supe a la mañana siguiente querían dejarlo hospitalizado, a lo que la familia se negó por el simple hecho de que no existe cómo costear una hospitalización. En aquel entonces necesité mucho de alguien que estuviera, pero que estuviera solamente, no importaba si era un intercambio de holas y chaos, cualquier cosa servía… claro, cualquier cosa menos otra situación mala.

Claudia también tenía problemas familiares por su lado, y ambos intentábamos hacernos sentir bien… pero algo no funcionó. Comenzamos a discutir, a pelear, y alejarnos… y así permanecimos por buen tiempo hasta que en esta seguidilla de tonteras caí yo en el hospital. Nosotros ya estábamos bastante peleados en ese entonces, y en el ambiente se notaba: las discusiones estaban a la orden del día y yo me sentía cada vez peor. No había nada que nos ayudara y un buen día colapsé. Y decidí terminar con ello. Mis aristas del cubo habían terminado todas por volverse en contra mía y me sentí indefenso, me sentí solo, me sentí nada. Las discusiones nos habían matado.

Y luego de ello han pasado cuatro semanas de nada, o sea, cuatro semanas de algo abstracto. De mí cambiando repentinamente de ánimos y de actitudes, siendo víctima del trastorno emocional que me diagnosticaron. Y así también comencé a enfermar. Hoy por hoy mi salud se encuentra deteriorada, y estoy en vías de recobrarla. No sé cómo, pero recobrarla.

Y frente a esto me quedó una reflexión, algo a lo que le he estado dando vueltas desde antes que me pusiera a pololear y a lo que nunca hubo una excepción a la regla. Siempre, siempre las discusiones más fuertes y los momentos malos se dieron después de que nos veíamos en persona. Aquel 28 de diciembre, el día de mi cumpleaños, hace un mes, y más atrás también. Jamás pude darme una razón. Y mis papás sabían de eso. Me lo advirtieron. Me dijeron que era muy probable que pasara. ¿Por qué? ni idea.

Que ellos se hayan formado una mala imagen de la relación también es algo que nadie sabe cómo se fue desarrollando, pese a que es válida la razón por la cual comenzó todo este lío, nunca supe que con el paso del tiempo ésta se fue desarrollando, y siempre me lo callaron. Y ahora se preguntarán cómo fue que me enteré. Bueno, en una llamada telefónica. Digamos que mi papá no es lo suficientemente discreto para hablar por teléfonos, y la aislación acústica de mi casa es pésima.

Pero la opinión de ellos no de mucho me sirve. Mal que mal, el que tiene que buscarse la felicidad propia es uno. Y así queda uno, víctima de las malas decisiones, y aquí queda uno, observando las consecuencias. Y así está uno, teniendo que guardar su cariño y su amor por temor a que éste cause daño. Y aquí esta uno, teniendo que reprimir sentimientos… una vez más.

Cada vez me siento más representado en el sentido no-político por esta canción.

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